jueves, 30 de junio de 2011

REFLEXIONES Y NOTAS

Ya han pasado seis meses desde que llegué al Hogar Yashodhara y la experiencia siempre es renovada; sólo cuando se considera que algo es inusual la mente deja su tacañería de lado. Quizás lo que me llevó a viajar hasta aquí fue el hambre de ver con claridad.

Entre otras tareas, se podría decir que me he convertido en una guardiana o cuidadora de los niños, que para mí es un placer ocasional y para ellos pueda que a veces el que los cuiden sea una molestia. Quizás sea por la falta de comprensión en el habla o que el mundo de los niños es un constante desafío para la consciencia. Pero veo con claridad que el error está en juzgar a los chicos por el baremo de los adultos, olvidando que un niño es rápido y móvil como una corriente de agua y que no es necesario que cualquier impureza provoque gran alarma, porque la velocidad de la corriente es en sí misma el mejor correctivo. Por eso, es más el cuidador o el guarda quien tiene que evitar comportarse de forma incorrecta.

Así que permanezco atenta a la escucha, cosiendo bolsillos, porque todavía tiene que nacer el niño que sea tan pobre que no tenga con qué llenarse los bolsillos. Observando los riachuelos con sus gustos, manías y apetencias. Observando cómo voy recibiendo una educación sensorial sin entender por completo cada paso. El que habita en la superficie no siempre sabe lo que ocurre en lo recóndito de la consciencia.

Agradecida.

Eshana Alcover – Voluntaria residente en el Hogar Yashodhara